Serissa phoetida
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Descripción:
Familia de las rubiáceas. Originaria de las Indias, de
China y Japón. Árbol de follaje persistente. La serisa
es un arbusto ramificado, glabro, con la corteza fétida;
sus raíces despiden un olor desagradable y de ahí su
denominación de "foetida". La especie más conocida es la
Serissa japonica, de unos 70 cm de altura. Recibe el
nombre de "nieve de junio" a causa de las diminutas
flores blancas, solitarias o fasciculadas que se abren
entre mayo y septiembre. De todos modos, este arbusto
puede presentar algunas pocas flores durante todo el
año. Existen una variedad que produce flores dobles, lo
que es muy raro en la familia de las rubiáceas. Las
hojas ovaladas son pequeñas, opuestas, a menudo
fasciculadas. Una variedad presenta hojas bordeadas de
amarillo dorado. La Serissa japonica variegata tiene el
follaje variegado de verde y marfil. El tronco es gris,
rugoso y delgado; adquiere un color blanquecino con la
edad.
Obtención:
Por estacas. En primavera, después de haber podado las ramitas
jóvenes de una serisa, pueden ser empleadas como
estacas. Estas estacas se plantan en una cubeta de
multiplicación con calefacción. Colocar las estacas
en arena. Tan pronto como aparecen brotes jóvenes en
las ramitas, es señal de que se han desarrollado ya
raíces. Es aconsejable tratar el extremo de las
estacas con hormonas de enraizamiento antes en
arena.
Cuidados:
Insolación. La serisa es una planta de interior que necesita
mucha luz, sobre todo cuando se trata de variedades
variegadas. Evitar el pleno sol en verano.
Temperatura. La serisa soporta un ambiente caluroso. En invierno,
proporcionarle una temperatura más fresca, entre los
15 y 19 grados. En verano más elevada, 18 grados
como mínimo.
Ventilación. Atención a las corrientes de aire que resultan muy
nocivas.
Maceta. Soporta una maceta bastante plana, sobre todo cuando
se trata de bosques. Esta, puede ser decorada con la
condición que el motivo se adapte al bonsai. La
serisa resulta muy atractiva en macetas chinas
antiguas (o replicas). Los árboles más viejos
necesitan macetas más profundas (de 7 a 15 cm)
Limpieza. Aunque posee un follaje persistente, produce
continuamente hojas amarillas que deben ser
eliminadas. Eliminar también las ramas muertas.
Sobre todo se deben suprimir los renuevos del tronco
o de la base del tronco. Estos renuevos pueden ser
comparados con los chupones de los rosales, que
acaparan toda la savia.
Crecimiento. Aunque las estaciones parecen menos acentuadas, la
serisa pasa por una fase de reposo en invierno.
Durante el período vegetativo, el crecimiento es muy
rápido (desde abril hasta septiembre).
Trasplantado. En marzo - abril, cada dos años, cortar la mitad de
las ramificaciones de las raíces. Trasplantar antes
de la eclosión de las flores.
Tierra. La serisa crece bien en una mezcla de 1/3 de
tierra vegetal arcillosa, 1/3 de tierra de brezo y
un 1/3 de arena.
Poda. Después del trasplantado y poda de raíces se
practica una poda de ramas y ramitas, operación en
la que desprende un olor fétido. No se efectúa el
despuntado.
Recortado de las hojas. Es inútil ya que las
hojas son muy pequeñas y no lo precisan.
Poda de las ramas. Después del trasplantado
(entre abril y finales de octubre), se recortan los
brotes tiernos dejándoles sólo 1 ó 2 pares de hojas.
La serisa debe tener un aspecto compacto. No
efectuar la poda durante la floración.
Poda de estructura. Cada 2 ó 3 años puede
resultar necesario podar a fondo la serisa.
Poda de las flores. Eliminar las flores tan
pronto se marchiten para aumentar la floración.
Alambrado. La madera de la serisa es muy flexible y se adapta a
todas las formas. Se alambra de abajo a arriba, con
un alambre de cobre fino, aplicado sin apretar
demasiado para no dañar la corteza. Se coloca el
alambre en junio y se quita en septiembre,
repitiendo la operación cada año hasta obtener la
forma deseada. Aplicar mastic cicatrizante si se
producen heridas.
Riego. En verano riego más abundante que en invierno. La
serisa es un árbol que ama la humedad. Las raíces se
secan rápidamente. Se debe dejar secar el pan de
tierra cada dos riegos.
Vaporización. La serisa es de origen tropical y prefiere el calor
húmedo. Es muy importante vaporizar el follaje cada
día. Sin embargo, se evitará vaporizar las flores,
ya que el agua las marchitaría. La serisa puede ser
colocada, junto con su maceta, sobre una capa de
gravilla. El exceso de agua del riego pasa a la capa
de gravilla y se evapora luego poco a poco, creando
una atmósfera húmeda.
Abonado. Abonar una vez cada 15 días, desde el
comienzo de la vegetación hasta la fase de reposo,
utilizando fertilizantes en polvo o líquido. No
abonar en julio - agosto, no tampoco después de un
trasplantado. Reducir ligeramente la dosis de abono
cuando está en flor. En invierno, si la serisa está
situada en un lugar caluroso, se le puede
suministrar un poco de abono.
Sanidad:
Parásitos. Araña roja, Pulgones, Cochinillas diaspinas y
lecaninas.
Caracoles.
Sintomatología: Hojas y brotes roídos.
Superficie foliar reducida. Presencia de un velo
blanco que protege a los caracoles.
Remedios: Recoger los caracoles. Evitar un
exceso de humedad en la tierra. Aplicar
molusquicidas por contacto o ingestión.
Enfermedades. Podredumbre de las raíces.
Podredumbre gris.
Sintomatología: Las hojas presentan unas
manchas de color pardo grisáceo, asociadas con una
podredumbre gris alrededor del limbo, que progresa
por toda la superficie de la hoja. Las hojas se
secan y caen, las ramitas se necrosan, los botones
florales abortan y las flores se marchitan.
Remedios: Airear la habitación, evitar el
exceso de riego y las diferencias de temperatura.
Cortar las ramitas enfermas. Pulverizar fungicidas
de síntesis. Atención a los riesgos de
fototoxicidad.
NOTA: La
dosificación del riego es muy delicada en la serisa.
Necesita un buen drenaje con el fin de que el agua
no se estanque, lo que provocaría la pérdida de
hojas y flores y la muerte del árbol. Para evitar
todo riesgo de enfermedad son necesarias una buena
circulación de aire y una gran luminosidad.
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