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VI Concurso Nacional Luis Vallejo MMBA

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Published on: 16 noviembre, 2012

Alcobendas 2012

 

Otro año más, a pesar de las restricciones presupuestarias, Luis Vallejo ha conseguido realizar la VII edición del Concurso Nacional Museo Municipal de Bonsái Alcobendas.

Y otra vez más ha conseguido superarse. Ésta ha sido, sin duda, la mejor exposición de bonsái celebrada jamás en España. A los árboles participantes en el concurso, hay que añadir una veintena de árboles premiados en anteriores ediciones, lo que ha hecho que el nivel global de la exposición fuera extraordinario.

 

También considero un acierto separar la exposición del museo. A pesar del poco espacio de pasillo, la presentación ha sido mejor que nunca. Unos estantes algo más bajos que de lo usual en España, y el fondo más alto de lo habitual ha permitido enmarcar adecuadamente todo tipo de árboles, ya fueran grandes o pequeños. Los fondos lisos, negro y gris, resaltaban correctamente las formas y texturas de los árboles. En definitiva, una puesta en escena digna de Japón.

Las demostraciones de este año han ido a cargo de artistas nacionales. Creo que ésta ha sido una decisión correcta, ya que en una demostración poco se aprende, y especialmente cuando el artista es japonés y modela un árbol que difícilmente caerá en nuestras manos. Por lo contrario, los españoles han trabajado especies autóctonas explicando detalles de cultivo y técnicas de modelado específicas para esos árboles, siendo realmente didácticas. Gabi, Andrés, Erasmo, Luis Vila y el Tim, Luis y Jorge, Alex y Julio, han ofrecido una proximidad de la que suelen carecer otros artistas extranjeros, generándose un clima cómplice entre asistentes y demostradores del cual nos hemos beneficiado todos.

Otro aspecto que me gustaría destacar es la colección del mueso. La mano de Mario Komsta empieza a notarse. Los árboles cada día son mejores y ya no es solo una colección de especies trabajadas como bonsái, sino que es en sí misma, una de las mejores colecciones de Europa.

El concurso……

Ha habido muchas críticas sobre el reparto de premios. Está bien discrepar, de hecho yo no entiendo alguno de los premios, pero hemos de tener en cuenta que los jueces han sido dos. A uno lo conocemos muy bien, sabemos su modo de ver los árboles y qué tiene importancia para él y qué no la tiene. En cambio del otro, no conocemos árboles suyos ni cuáles son sus preferencias. Por lo que no sabemos cuál ha sido el reparto entre ambos criterios. Con esto quiero decir que sí se ve el ojo de Mario detrás de los premios, y que ya sabíamos que él era el juez antes de participar. Por eso mismo, no nos hemos de rasgar las vestiduras porque haya actuado de acuerdo con su forma de ver el bonsái. Probablemente Mario sea el que más sabe de bonsái en Europa, y el que más se acerca a la visión de un maestro japonés. La diferencia es que él vive aquí, y no se impresiona por nuestros yamadori como lo hará un maestro japonés. Los ve a diario. Seguramente si en lugar de él, el juez, hubiese sido japonés, el resultado sería otro. Y esto no contradice nada. Del mismo modo que yo, mediterráneo recalcitrante, me sorprendo cada vez que veo un arce vestido de otoño mientras ellos no le dan importancia, los japoneses se sorprenden de cómo nuestra salvaje naturaleza ha modelado nuestros yamadori. Bien, ahora tenemos a alguien aquí que no se sorprende por estos árboles, y sí ve, en cambio,  carencias en madurez y refinamiento que nosotros, desgraciadamente, pasamos de alto.

En otros concursos sí he podido ver decisiones arbitrarias, como en la última Ginkgo, donde se concedían premios en orden inverso a los que se habían dado durante la selección, y por el mismo juez. O árboles premiados simplemente por ser de amigos, sin la mínima estructura de formación . Pero éste no ha sido el caso. Quien conozca a Mario sabe que es un “cabezón”, presa de sus convicciones y que a pesar de ganarse enemigos, es capaz de expresar su opinión le pese a quien le pese.

No me gusta que la mitad de los premiados sean japoneses. Cierto. Creo que Luis Vallejo debería volver a los árboles autóctonos, del mismo modo creo que precisamente ha sido esa exigencia la ha llevado al bonsái español al nivel de hoy en día. Pero esto no tiene nada que ver con el juicio. Si en el concurso hay árboles japoneses trabajados durante una o más generaciones, es fácil prever que sean éstos los que se lleven los premios.

Los Shohin se han llevado más premios que nunca en Alcobendas. Cierto también. Pero el grado de madurez exigible a nuestros árboles en un concurso como éste, es más fácil de conseguir con árboles pequeños que con grandes árboles, por mucho que me gusten a mí los grandes.

Creo sinceramente que debemos aceptar esta lección de humildad y ponernos a trabajar para que en la próxima edición, sea quien sea el juez, no nos pueda tirar de las orejas por no haber hecho nuestro trabajo.

Quisiera agradecer públicamente a mis dos asistentes durante mi demostración por su ayuda. Gracias a David Ruiz y a Daniel Rubia, sois unos cracs!!!

Staff Escola de Bonsai Menorca

El perejil

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Published on: 22 diciembre, 2010

El perejil

Hace más o menos un año, recibí un mensaje de un buen amigo malagueño, advirtiéndome de un escrito que me ponía a caldo a mí y a otros dos profesionales, uno español y el otro italiano.

Supongo que el autor lo debió retirar ya que no hubo manera de verlo. De todos modos no hay que darle la importancia que él le dio a este tipo de cosas. Es lo que tiene Internet, paraíso de cobardes donde se puede lanzar la piedra y esconder la mano. De hecho, últimamente parece ser un deporte nacional.

Ya tomé prestada una cita de Carlos Ruiz Zafón en uno de mis escritos, pero la vuelvo a utilizar al revelarse lo acertado que estaba el autor de “La Sombra del Viento”:

“La envidia es la religión de los mediocres. Los reconforta, responde a las inquietudes que los rodean por dentro y, en último término, les pudre el alma y les permite justificar su mezquindad y su codicia hasta creer que son virtudes y que las puertas del cielo sólo se abrirán para los infelices como ellos, que pasan la vida sin dejar más huella que sus traperos intentos de hacer de menos a los demás y de excluir, y a ser posible destruir, a quienes, por el mero hecho de existir y de ser quienes son, ponen en evidencia su pobreza de espíritu, mente y redaños. Bienaventurado aquel al que ladran los cretinos, porque su alma nunca les pertenecerá.” (Carlos Ruiz Zafón).

La ventaja de ir cumpliendo años, es que lo ves todo con otra perspectiva. Ya no hay prisa. Puedo podar todas las ramas de un ullastre con 15años de cultivo para rediseñarlo de nuevo, sin que esto sea un drama. Lo importante ya no es lo que espero yo de los árboles, sino que sea capaz de sacar el máximo potencial de cada uno de ellos, es decir, qué esperan ellos de mí. No importa el tiempo.

La prisa siempre ha sido el enemigo del bonsái. Prisa por aprender. Prisa por exponer. Prisa por concursar………Prisa por poseer……

La perspectiva de la edad y los años en bonsái puede hacerte ver ciertos trastornos de percepción que muchos amantes del bonsái padecen. Esto me lo recordaba mi buen amigo malagueño. Para algunos su árbol es el mejor del mundo. Influenciados por foros autocomplacientes donde se alaba hasta al más insignificante perejil. O por maestros sin escrúpulos que con tal de vender sus servicios, árboles, o lo que sea menester, engañan a sus alumnos animándoles a seguir en esa línea, a sabiendas de su mediocridad.

Esto suele crear una imagen distorsionada del bonsái, tanto de los propios como ajenos.

Es habitual disponer de carísimos juegos de herramientas Masakuni, Makita, Dremel, etc, sin tener siquiera un solo bonsái. Del mismo modo que en este tipo de personas existe la creencia de que el uso de los mismos productos (macetas, abonos, tierras, etc.) que los árboles galardonados, harán de los suyos obras maestras.

Esto es otra cosa, la de empezar la casa por el tejado. La de los que se marcan como objetivo llegar a ser maestros desde el principio, antes de saber siquiera lo que implica el bonsái.

Por tanto perejiles hay de dos clases; El primero, el que compra en un centro comercial un Mallsai creyendo que lo que ha comprado es lo más bonito del mundo y que con pocos retoques y la ayuda de Internet, llegará a rivalizar con árboles japoneses.

El segundo, el que ya se cree dios y considera que sus trabajos han de sentar cátedra sin ser consciente de su mediocridad.

Perejil

Hay una anécdota de unos amigos mallorquines y un maestro italiano en una entrega de premios de Mistral que viene como anillo al dedo, pero que ya contaré en otra ocasión.

¿Cuál es el remedio ante estas alteraciones de la percepción? Simplemente, ver árboles realmente buenos (Kokufu, Sakufu, Ginkgo, Alcobendas…..). Analizarlos. Después analizar los nuestros. Nunca de un modo subjetivo, sino elemento a elemento. Hasta que lleguemos a ser conscientes de la realidad.

Nada es más cruel que una fotografía. Fotografiemos nuestros árboles y busquemos sus puntos débiles. Seamos conscientes de ellos para lograr superarlos. Solo esta percepción de la realidad nos hará mejorar día a día.

Perejiles siempre ha habido. Y siempre habrá. Nunca serán perjudiciales para quien los tenga, ya llegará el momento evolutivo en la forma de ver el bonsái en que quedaran atrás, muchas veces sin que su cultivador se de cuenta. Todos hemos tenido. Pero cuanto más rápido nos demos cuenta de qué es un perejil, más pronto pasaremos a la siguiente etapa evolutiva. De este modo evitaremos el derroche y el ridículo de plantarlo en una carísima Kurama de Carles Vives y llevarlo a una exposición.

 

Antoni Payeras

 

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